Saltar para: Posts [1], Pesquisa [2]

O CASTENDO

TERRAS DE PENALVA ONDE «A LIBERDADE É A COMPREENSÃO DA NECESSIDADE»

O CASTENDO

TERRAS DE PENALVA ONDE «A LIBERDADE É A COMPREENSÃO DA NECESSIDADE»

Joan Manuel Serrat canta León Felipe: Vencidos

 

Vencidos

 

Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar…

 

Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la

armadura,

y va ocioso el caballero, sin peto y sin

espaldar…

va cargado de amargura…

que allá encontró sepultura

su amoroso batallar…

va cargado de amargura…

que allá "quedó su ventura"

en la playa de Barcino, frente al mar…

 

Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar…

va cargado de amargura…

va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.

 

Cuántas veces Don Quijote, por esa misma

llanura,

en horas de desaliento así te miro pasar…

y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu

montura

y llévame a tu lugar:

hazme un sitio en tu montura

caballero derrotado, hazme un sitio en tu

montura

que yo también voy cargado

de amargura

y no puedo batallar.

Ponme a la grupa contigo,

caballero del honor,

ponme a la grupa contigo,

y llévame a ser contigo

pastor…

 

Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar…

León Felipe

Para ver e ouvir Joan Manuel Serrat a cantar «Vencidos» de León Felipe clicar AQUI, AQUI e AQUI         

Para Ler e Ouvir:

adaptado de um e-mail enviado pelo Jorge                                      

                                                                                              

Joan Manuel Serrat canta Miguel Hernández / Alberto Cortez: Nanas de la Cebolla

(Dedicadas a su hijo, a raíz de recibir una carta de su mujer, en la que le decía que no comía más que pan y cebolla)

 

Nanas de la cebolla
  (Miguel Hernández) 

 

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa
ríete mucho,
que es la risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto,
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus ojos
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Música: Alberto Cortez

Nanas de la cebolla pertenece a uno de los libros más intimistas y más exaltados de la trayectoria literaria de Miguel Hernández. Hemos podido comprobar, que, con motivo de la Guerra Civil española, el poeta alicantino, o más bien su obra, sufre una serie de cambios, si no radicales, bastante evidentes al ser sus distintos poemas comparados entre sí.

Esta composición, una de las más tristes “canciones de cuna” de la llamada Generación del 36, se origina al ser el poeta capturado y posteriormente encarcelado por haber participado en el bando republicano en la sexta división. Hernández escribe a su mujer y su hijo desde prisión explicando con sutileza y maestría, cómo se siente al saberse condenado a muerte, al darse cuenta de que nunca los volverá a ver, abrazar, que no será partícipe de sus vidas, de su futuro, del crecimiento de su hijo, su evolución… morirá entre esas cuatro paredes sin poder remediarlo.

Éste es el último poema perteneciente al “Cancionero y romancero de ausencias”, que el autor empieza a escribir en 1938 (ésta es de 1939), entre rejas, en ocasiones valiéndose tan sólo de un trozo de papel higiénico, a falta de un cuaderno u hojas de papel sueltas. En este libro los protagonistas serán sin duda, el hijo fallecido del autor, la nueva llegada a la familia Hernández, y claro está, su esposa, así como la frustración por la derrota de los republicanos ante los fascistas. Todo esto, claro está, bajo los efectos de las penurias, desolación, el hambre, los tratos vejatorios, la soledad y la desesperanza que producen a un ser humano, el estar enjaulado y condenado a muerte. En 1942, Miguel Hernández cae gravemente enfermo, y muere en el reformatorio de adultos de Alicante. Nanas de la cebolla, y los demás poemas que componen este libro, son, por tanto, los últimos que el poeta alcanzó a escribir en los concluyentes (y dolorosos) años de su vida.

Para ver e ouvir Joan Manuel Serrat a cantar «Nanas de la Cebolla» de Miguel Hernández:

Para Ler: 

 

Sítio na Internet de Joan Manuel Serrat

 

Sítio na Internet de Alberto Cortez

                                                                     

adaptado de um e-mail enviado pelo Jorge                                      

                                                                   

Paco Ibañez canta Federico García Lorca: Canción del jinete

CANCIÓN DEL JINETE

                                          

En la luna negra
de los bandoleros,
cantan las espuelas.

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

...Las duras espuelas
del bandido inmóvil
que perdió las riendas.

Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

En la luna negra
sangraba el costado
de Sierra Morena.

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

La noche espolea
sus negros ijares
clavándose estrellas.

Caballito frió.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

En la luna negra,
¡un grito! y el cuerno
largo de la hoguera.

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

Federico Garcia Lorca

Para ver e ouvir Paco Ibañez a cantar «Canción del jinete» de Federico Garcia Lorca:

Para Ler:  

adaptado de um e-mail enviado pelo Jorge

                                                                  

Joan Manuel Serrat canta Miguel Hernández: El niño yuntero

 

 El niño yuntero

(Miguel Hernández)

                                        

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombre jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Para ver e ouvir Joan Manuel Serrat a cantar «El niño yuntero» de Miguel Hernández clicar AQUI, AQUI e AQUI      

                                                                       

adaptado de um e-mail enviado pelo Jorge

                                                                         

Paco Ibañez canta Antonio Machado: Proverbios y cantares

Poesia de Machado:

 

Proverbios y cantares
(Antonio Machado)

 

  IV
  Nuestras horas son minutos
cuando esperamos saber,
y siglos cuando sabemos
lo que se puede aprender. 

  X
  La envidia de la virtud
hizo a Caín criminal.
¡Gloria a Caín! Hoy el vicio
es lo que se envidia más.

  XXIII
  No extrañéis, dulces amigos,
que esté mi frente arrugada.
Yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas.

  XXI
  Ayer soñé que veía
a Dios y que a Dios hablaba;
y soñé que Dios me oía...
Después soñé que soñaba.

  XLI
  Bueno es saber que los vasos
nos sirven para beber;
lo malo es que no sabemos
para qué sirve la sed.

   XLIV
  Todo pasa y todo queda;
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

  LIII
  Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

In Proverbios y cantares (Campos de Castilla)

Para ver e ouvir Paco Ibañez a cantar «Proverbios y cantares» de Antonio Machado clicar AQUI, AQUI e AQUI

                                                                       

adaptado de um e-mail enviado pelo Jorge

                                                                        

A Guerra Civil de Espanha vista por Manuel Tiago (8)

(...)

Manuel decidira ficar. Sentia-se melhor assim. Como milhares de outros combatentes. O exército popular reforçava-se. Crescia a solidariedade internacional. Revelavam-se comandantes militares e comissários políticos nascidos da luta armada do povo.

A progressão do avanço fascista era agora entravada não só e fundamentalmente pelo povo em armas mas também pelo Exército Republicano, que rapidamente se organizara.

Depois, segundo os camaradas, com a formação do Governo de Largo Caballero terminavam as hesitações.

(...)

Também acreditava que a entrada dos comunistas no Governo seria decisiva para organizar, disciplinar e unificar as forças armadas da República, mas não se sentia tão optimista quanto a resultados a curto prazo.

Franco instalara o seu quartel-general em Sevilha e falava-se que, proclamando-se chefe de Estado e Generalíssimo, iria instalar-se em Burgos como capital. No Norte caíra Irún. No caminho de Madrid, Talavera de la Reina e Toledo tinham caído também. Os fascistas apareciam nas várias frentes cada vez com armas mais poderosas. A intervenção alemã e italiana intensificava-se.

(...)

Os combates ganhavam dia a dia maior intensidade. Os fascistas tinham conquistado Talavera, mas não conseguiam romper caminho para Madrid. As suas ofensivas continuavam a ser contidas no Guadarrama, em Somosierra e noutras frentes onde os republicanos concentravam forças. António via o rodopiar incessante de ambulâncias e camilleros. Mais mortos e feridos se anunciavam. De Manuel não havia notícia, não voltara a casa. E cada dia, vezes sem conto as idas e as voltas dos camilleros traziam à memória a lembrança de Renato e das suas palavras «de quê?» quando lhe perguntara se tivera medo debaixo de fogo.

(...)

O local tornara-se conhecido em Somosierra.

Pela encosta as posições nas primeiras linhas mantinham-se há muito sem alteração. A distância que ali separava as forças inimigas era de cem metros escassos. Nem trincheiras, nem bunkers, nem barricadas. Os abrigos eram as sinuosidades do terreno, penedos, tufos de arbustos reforçados por improvisadas trincheiras ou barricadas.

Os fascistas tinham meios materiais superiores, nomeadamente morteiros e metralhadoras. Os republicanos, além de coragem e do estilo de combate, tinham adquirido uma vantagem de posições. Sobretudo, num socalco natural, com um penedo escuro de feitio estranho que facilitava a defesa e permitia, pela disposição do terreno, partir em contra-ataques quando o inimigo tentava avançar.

Em Somosierra falava-se na Peña de la Piedra Negra, dos repetidos e violentos ataques fascistas para romperem por ali e na defesa bem sucedida dos republicanos.

Naquele dia, uma vez mais Manuel e os companheiros se bateram com a habitual coragem. Em Somosierra admiravam-se como a já bem conhecida Brigada Consuelo Núnez, brigada de jovens agora reforçada por muitos outros, conseguira resistir ao longo de semanas. Como durante dois dias e duas noites contivera um violento ataque, com metralhadoras, morteiros e granadas. Dois dias e duas noites. Já se tornara conhecida a forma particular de combater da brigada, sempre nas avanzadillas. Móvel, rápida, deslocava-se no terreno, mudava de posições, desorientava o inimigo, surpreendia-o com fogo donde ele menos esperava. Tornou-se sobretudo notável a audácia de velozes incursões a atacar o inimigo pela retaguarda.


(...)

Não se enganava. Não dormia. Invadiam-no reconfortantes lembranças. Aquelas poucas semanas decorridas desde o golpe de Franco tinham sido as mais perigosas da sua vida. As mais agitadas. As que haviam exigido dele respostas que nunca admitira pudesse dar. E o que se passava com ele, via-o também passar-se nos outros. Nunca supusera, nunca sonhara sequer, que no ser humano — reconhecia-o agora não só nos outros mas em si próprio — existissem tantas potencialidades de ir muito além do que cada qual pode avaliar. Manuel, Renato, Isabel, Rúbio, Eulália, Madrecita, Raul e outros vinham, uns atrás dos outros, à sua lembrança. Depois de tantas semanas de insatisfação, interrogações, dúvidas e angústias, essas horas de insónia apareceram-lhe como horas desejadas. De reflexão e de tranquilidade.

Nesse enovelado desfilar de lembranças e sentimentos veio-lhe também à memória a troca de palavras que um dia tivera com Manuel. Quando, indignado com o caso de Tó Marcolino, lhe dissera:

— La verdad, Manuel, es que hay mucha gente mala en este mundo.

Lembrava-se agora do que Manuel lhe respondera.

— O extraordinário, António, é que no mundo haja tanta gente boa.

(...)

Corria a guerra, cada vez mais generalizada, violenta e terrível. Vitórias e derrotas. Ofensivas e retiradas. Momentos de impetuoso avanço e momentos de perigo iminente de derrota. Em princípios de Novembro o Governo transferiu-se para Valência e os fascistas chegaram com poderosas forças às portas de Madrid.

Ali na Casa de Campo, bem perto da casa de Eulália. Ali, com o povo em armas e com as novas unidades militares, se revelaram novos comandantes. Ali tombaram conhecidos comunistas. Ali tombou Durruti, dirigente anarquista catalão. Madrid, capital da República, sujeita a um novo e terrível bombardeamento aéreo. Madrid, símbolo de heróica resistência antifascista, repeliu o inimigo.

Por toda a Espanha, com a intervenção militar da Alemanha e da Itália e a crescente solidariedade à República, a guerra civil adquiriu contornos de uma guerra internacional.

(...)

Pelo caminho foram conversando. Em Portugal não haviam recebido mais notícias de Madrid, dos camaradas portugueses. Abel informou-o da situação. Informou também de outros portugueses que haviam aparecido e se haviam integrado nas unidades espanholas ou nas Brigadas Internacionais.

— Não perguntes por eles. Os Lopes são inscritos como López, os Domingos como Domínguez, os Rodrigues como Rodríguez.

 

(...)

De súbito perguntou:

— Dime, compañero, vamos a perder la guerra?
Antes que o camarada falasse, passaram como um relâmpago na memória de Abel as palavras de Rúbio que António lhe citara: «Las grandes luchas victoriosas de los trabajadores y de los pueblos han sido po-sibles porque los trabajadores y los pueblos han luchado en cada caso confiando en la victoria, pero sin tener la certeza de alcanzarla.»

Já o camarada respondia. A situação era difícil. Hitler, Mussolini, com o apoio de Salazar, queriam esmagar a República Espanhola para terem uma retaguarda segura na guerra que se preparavam para desencadear em toda a Europa. Inglaterra e França, com a farsa da «não intervenção», não faziam frente à intervenção nazi-fascista, nomeadamente a Hitler, antes queriam ganhar as suas boas graças e apontavam-lhe o caminho da agressão à União Soviética.

O camarada não se alargou muito mais e quis concluir.

Nos tempos próximos, o mundo iria passar um período complexo e perigoso. Mas a situação seria superada. Em Portugal, na marinha de guerra, os marinheiros tinham-se revoltado e tomado conta dos barcos e a revolta, embora esmagada, mostrava grandes potencialidades revolucionárias.

Madrecita fazia esforço para acompanhar o que o camarada dizia e para se convencer de ser essa a realidade.

— A luta continua — acrescentou ainda o camarada. E repetiu a ideia. — Aqui em Espanha e em todo o mundo, o fascismo acabará por ser derrotado. Isso é certo. Podes crer, camarada.

(...)

Excertos do Capítulo 7 e 8 de "A Casa de Eulália"

                                                                              

A Guerra Civil de Espanha vista por Manuel Tiago (7)

(...)

Dia após dia afluíam à capital cortejos de refugiados. As tropas fascistas atacavam num furacão de atrocidades. Violando mulheres. Pilhando aldeias. Fuzilando. Não longe de Madrid, avançavam em Talavera de la Reina e na região de Toledo.

As populações campesinas acondicionavam à pressa o mais que podiam, aparelhavam as bestas, atrelavam os burros ou cavalos às carroças, largavam tudo o mais que tinham e, salvo alguns que por vezes ficavam a esboçar resistência e a dar tempo à retirada, encetavam a caminhada para a capital.

Na lonjura dos campos, os grupos de refugiados marcavam o seu itinerário por atalhos e caminhos, convergindo e engrossando, até se juntarem nas estradas principais em grandes caudais humanos, já longe dos combates.

(...)

[Nota: o excerto seguinte só pode ser inteiramente compreendido no contexto do romance]

Regressou a casa amargurado. Era assim que os espanhóis consideravam os portugueses? O seu apoio e a sua participação desde a primeira hora na luta contra a sublevação fascista? Não era um oficial português instrutor do V Regimento em formação? Não fora um aviador português exilado um dos primeiros a bombardear unidades sublevadas? Não assistira ainda há pouco em Madrid, com participação de milhares de pessoas, ao funeral de um combatente português, caído heroicamente na serra do Guadarrama? Não era um português que, além da Coluna Durruti, encabeçava e comandava uma das outras colunas que a partir da Catalunha avançavam para o interior ocupado pela sublevação militar? E não tinha qualquer significado que ele, e Manuel, e Renato, dessem a sua modesta sem dúvida mas real e activa solidariedade? E quanto às Brigadas Internacionais? Não via Gonzalo que os portugueses, integrados na vida social espanhola, compreendendo a língua e fazendo-se compreender, se integravam também naturalmente nas unidades espanholas e (sabe-se lá) viriam a aparecer nas Brigadas com nomes espanhóis?

(...)

Onde estavam os comandantes se à partida não os havia? Quem, nos primeiros e decisivos confrontos, tivera o talento de dispor na Serra as forças populares, sem preparação militar, mal armadas, de forma a cortar o passo às tropas fascistas, unidades do exército comandadas por oficiais de carreira e dispondo de artilharia, de morteiros, de metralhadoras?

No pasarán!, gritava-se em Madrid. E então não passaram.

Nas principais estradas que cortavam a Serra e nos raros povoados, tomaram posições milicianos equipados com armas ligeiras e militares fiéis à República, com armas pesadas.

Pelas encostas a situação era outra.

Como que orientando-se por mapas militares de que não dispunham, milhares de populares ocuparam cumeadas, e distribuíram-se pelos declives, dominando os vales e as estradas. Aqui e além escolheram lugares propícios a emboscadas. Quando o inimigo tentava progredir, travavam-se verdadeiras batalhas de movimento, tentativas de cerco, avanços e recuos, conquista e reconquista de posições. Em tal ou tal zona da Serra estabeleciam-se assim temporários campos de batalha por vezes horas e horas, onde iam tombando os corpos, de um lado e de outro, atingidos em insuficientes abrigos ou em terreno raso.

Os camilleros chegavam debaixo de fogo. Onde havia corpos caídos, para lá corriam, ora quase rastejando ora à desfilada, como se pudessem correr mais que as balas. Até parecia que assim era. Quantas vezes Renato e seus companheiros não cruzaram aquela encosta quando mais intenso era o fogo. Quantas vezes não levantaram do chão e levaram para qualquer abrigo feridos expostos a serem de novo atingidos. Quantas vezes, para estancar uma hemorragia, para fazer um penso imediato, para atar uma ligadura, para apertar um garrote, demoravam ali, sem pressa de sair e de se safarem daquele inferno de dor e de morte. Não se sabe, porque impossível é sabê-lo, quantas vezes as balas lhes não passaram a centímetros ou mesmo a milímetros de distância, como que desviando-se, a fazer justiça e a prestar homenagem a um heroísmo de que se não fala tanto como do heroísmo daqueles que se batem com armas na mão.

(...)

O primeiro bombardeamento aéreo colheu Madrid de surpresa. Breve, em zonas periféricas, como um aviso. No centro ouviram-se estrondos surdos que pareciam de canhão. Apenas cada um mais longo, mais separado dos outros, ficando a ressoar no espaço. Só depois soaram sirenes de ambulâncias e chegaram notícias. Mais alarmante que o bombardeamento em si, a revelação: os aviões eram alemães. Confirmava-se a intervenção e a agressão militar da Alemanha hitleriana.

Prepararam-se abrigos nas caves. Improvisaram-se serviços e alertas. À noite a cidade ficava às escuras.

Animados pelo facto, os fascistas saíram das tocas e ensaiaram novas surtidas e novos tiroteios. Calcularam mal. Já não se estava nos primeiros dias. Agora havia forças armadas, serviços de segurança organizados, além da intervenção maciça da população. Tais tentativas acabaram mal para os seus autores, apanhados ou abatidos nas ruas da cidade.

O segundo bombardeamento foi diferente.

Soaram os sinais de alarme. A antiga «carreira de tiro» do hospital de sangue transformara-se numa imensa enfermaria. Conduziram para as caves os refugiados, que enchiam o grande pátio de entrada. Podia então observar-se um comportamento estranho. O pessoal disponível não ficou nas caves, nem foi reforçar a guarda dos portões. Correu apressado, trepando escadas e descobrindo, por busca nos compridos corredores, o caminho para os telhados. E aí ficou olhando o céu.

Apareceram, roncando, luzes vermelhas e verdes bem visíveis, Junkers trimotores, com velocidade aparentemente lenta ao aproximarem-se e como gigantescos avejões negros ao passarem como furacões mesmo ali por cima.

— Boummm... Boummm... Boummm... Boummm...

Um rasto do ribombar de trovões, anunciando a estrada de destruições e de mortos que iam deixando na cidade.

Aos ouvidos não chegou porém apenas o tenebroso ruído dos motores e das explosões. Soaram também, deixando um rasto coincidente com o dos aviões inimigos, breves estalidos, tímidos mas contínuos e em salva, lembrando foguetes. Vendo passar os aviões, os populares disparavam dos telhados as pistolas na sua direcção. Não era esperança de resultado. Era protesto, declaração de determinação e de resistência.

Depois todos desceram à rua. As ambulâncias e os camilleros já tinham partido. Renato com eles a desobstruir ruínas. Sob iluminação improvisada nos locais atingidos, a buscar feridos ou mortos nos prédios esventrados, a recolher os desalojados, a conter desorientações, a organizar e a dirigir os trabalhos de salvamento.

Porque o bombardeamento não se dirigia a quaisquer alvos militares. Dirigia-se abertamente contra o aglomerado urbano, contra a população, contra Madrid, Madrid capital da República, Madrid do povo armado, Madrid que esmagou a revolta do exército equipado e comandado pela hierarquia militar, Madrid que pusera e punha em causa o avanço de Franco, que, com a ajuda de Hitler, de Mussolini, de Salazar, contara com uma rápida vitória.

(...)

Excertos do Capítulo 6 de "A Casa de Eulália"

                                                                              

Miguel Hernández / Sergio Aschero: Vientos del pueblo me llevan

Vientos del pueblo me llevan
         [Poema: Texto completo]

          (Miguel Hernández)


Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

In Vientos del pueblo me llevan - Miguel Hernández - Ciudad Seva

Para Ver e Ouvir:

Para Ouvir:

Para Ler e Ouvir: 

Para Ler: 

adaptado de um e-mail enviado pelo Jorge                                      

                                                                   

A Guerra Civil de Espanha vista por Manuel Tiago (6)

(...)

Como fora possível a António imaginar que o português preso por suspeita no Guadarrama fosse Manuel? Apenas porque Guadarrama e Manuel a combater no Guadarrama eram pensamentos inseparáveis. Porque tinha visto de perto a coragem de Manuel e receava cada dia que ele ali perdesse a vida.

Não, com Manuel não se podia ter passado aquilo. Porque desde os primeiros dias combatia nas linhas mais avançadas. Porque dava a cada momento provas de iniciativa e de valentia. Porque era querido pelos camaradas espanhóis com os quais continha com êxito na Serra as tentativas de os fascistas romperem caminho para Madrid.

Logo no primeiro dia, participara no assalto ao Cuartel de la Montaña e fora daqueles que rompera portão dentro a finalizar à metralha os últimos actos de resistência dos oficiais sublevados.

Depois em Carabanchel, quando avançava com António e com a vaga do povo armado, vendo que o nicho fascista da metralhadora tinha sustido o ataque, a ideia lhe viera rápida e instintiva. Por ali não avançavam. Não conseguiam. Só atacando os fascistas pela retaguarda. E disparara em correria procurando vencer o espaço descoberto onde se cruzavam as balas. Ele próprio se surpreendeu com o êxito. Descendo mais e mais, descrevendo uma prolongada curva na encosta, viu-se ante um terreno nu e um pouco acima, de costas para ele, sem qualquer apoio na retaguarda, o grupo dos quatro ou cinco fascistas fazendo fogo com a metralhadora. A Mauser era pouco para o confronto. O factor psicológico iria decidir. Manuel surpreendia-se a si próprio com a rapidez com que apreciava a situação e encontrava a resposta. «Quando se virem atacados pela retaguarda, põem-se a fugir.» Rastejou, aproximou-se e fez pontaria. No estrondoso fragor da batalha que ressoava na atmosfera, os dois tiros de espingarda nem se ouviram. Junto à metralhadora, atingidos pelas balas, dois corpos caíram. O crepitar da metralhadora cessou e os sobreviventes do grupo, abandonando as armas, correram desesperados em direcção ao aquartelamento.

Descendo as encostas o avanço tornou-se irresistível. Manuel perdeu de vista o mocinho que se colara a ele e também não mais viu António e os do seu grupo. Decerto tinham ficado muito para trás. Continuou o avanço acompanhado por muitos outros que de todos os lados surgiam. Com eles foi dos que, nas primeiras linhas, confraternizando com militares fiéis à República, forçaram os oficiais sublevados à rendição.

Voltara a Madrid no cortejo da grande coluna vitoriosa integrado num grupo de jovens combatentes espanhóis com quem partilhara o último assalto. Com Pablo, com Jaime, com Alonso, com Consuelo. Grupo de combate que, como centenas de outros, se criara, constituíra e actuara como unidade militar nessa mesma manhã. Uma só manhã. Haviam-se escudado uns aos outros sempre atentos ao inimigo e à acção e perigo que corriam os companheiros. Vencendo o inimigo e vencendo a morte, que incessantemente rondava a seu lado. E agora Pablo, Jaime, Alonso, Consuelo, Manuel, olhavam-se como conhecidos de sempre e como se não pudessem mais separar-se.

(...)

Juntos tinham regressado a Madrid com as forças vencedoras de Carabanchel. Ao contrário dos muitos que dispersaram, eles não mais se separaram das forças armadas. Donde veio a indicação ninguém o saberia dizer. Uma coisa foi certa para eles e para milhares de outros combatentes. Alguém os integrara na coluna militar que partira para o Guadarrama a cortar o passo aos fascistas que avançavam do Norte. Ao integrarem-se nessa coluna não eram mais apenas cinco amigos que se haviam unido no combate. Eram bem, e como tal se sentiam, uma unidade militar do novo exército, do exército popular em formação desde esse dia.

Eles e centenas de outros foram conduzidos directamente para as linhas mais avançadas na Serra. Certamente havia já quem conhecia o terreno e comandava a disposição das forças. O certo porém é que, depois de estarem na Serra, cada qual por si tomava a iniciativa de escolher as suas posições.

Manuel e os seus companheiros, entre muitos outros, foram conduzidos até uns penhascos sobranceiros a um vale ao longo do qual serpenteava uma estrada.

A missão era simples. Para impedir o avanço fascista pela estrada, havia outras forças, com outros meios, que dali não se viam. Essas dispunham de artilharia, metralhadoras e morteiros. Ali a tarefa era outra, era impedir que os fascistas, avançando pelas encostas, ganhassem posições dominando o vale, ou conseguissem atacar as tropas republicanas pela retaguarda.

A previsão confirmara-se. Logo nos primeiros dias travaram-se combates por toda a Serra.

Manuel, Pablo, Alonso, Jaime, Consuelo, agiam como uma unidade de combate. Com iniciativa. Ajudando-se e assistindo-se mutuamente.

Uma vez foi Manuel a ficar isolado em má posição. E foram Pablo e Alonso quem, com grande risco, tomando perigosas posições, seguraram os fascistas e deram cobertura a Manuel.

Outra vez foi Manuel que viu os companheiros em situação de perigo. Os fascistas tinham ganho uma posição superior no terreno e daí faziam fogo. Nesse momento vieram à memória de Manuel as Festas Populares de Lisboa, os camaradas a lançarem os manifestos e ele, Manuel, assegurando a sua defesa, atacando o polícia que os prendera. Tal como em Carabanchel, a iniciativa saiu-lhe natural e sem esforço. No caso tinha que ganhar uma posição no terreno superior à dos fascistas, daí dominá-los, obrigá-los a fazer fogo na sua direcção e assim abrir espaço a Pablo e Alonso para se escaparem.

Batiam-se em conjunto, não pensando sequer na morte, quase parecendo que brincavam com ela. Mas na guerra a morte não só espreita como golpeia sem piedade. Logo nos primeiros dias do Guadarrama o grupo sofreu duro golpe. Consuelo, a jovenzita que se lhes juntara em Carabanchel, que de espingarda em punho avançara com eles no ataque final ao aquartelamento, que ali no Guadarrama procurava sempre as primeiras linhas e os maiores riscos, heroína do grupo e querida de todos, caíra em pleno combate.

(...)

Excertos do Capítulo 5 de "A Casa de Eulália"

                                                                              

Joan Manuel Serrat canta Antonio Machado: Proverbios y cantares / Cantares

Poesia de Machado:

 

Proverbios y cantares
(Antonio Machado)

 

 XLIV
  Todo pasa y todo queda;
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

 

  I
  Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.


XXIX
  Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino:
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

In Proverbios y cantares (Campos de Castilla)

 

Canção de Serrat:

 

Cantares

 

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.

Nunca perseguí la gloria...

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...


Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar:
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar,
cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso.

     Os versos Murió el poeta lejos del hogar / Le cubre el polvo de un país vecino / Al alejarse le vieron llorar referem-se a Antonio Machado ter morrido em França, no exílio, pouco tempo depois de ter atravessado a fronteira, no seguimento da queda de Barcelona (na qual faleceu a mãe de Goytisolo, Julia). Já Aragon se tinha referido a esse facto na poesia Les poètes: Machado dort à Collioure / Trois pas suffirent hors d'Espagne / Que le ciel pour lui se fît lourd / Il s'assit dans cette campagne / Et ferma les yeux pour toujours.

Para ver e ouvir Joan Manuel Serrat a cantar «Proverbios y cantares / Cantares» de Antonio Machado:

 

Para Ver e Ouvir:

Para Ler: 

 

Sítio na Internet de Joan Manuel Serrat

                                                                     

adaptado de um e-mail enviado pelo Jorge                                      

                                                                   

Mais sobre mim

foto do autor

Subscrever por e-mail

A subscrição é anónima e gera, no máximo, um e-mail por dia.

Links

  •  
  • A

    B

    C

    D

    E

    F

    G

    H

    I

    J

    K

    L

    M

    N

    O

    P

    Q

    R

    S

    T

    U

    V

    W

    X

    Y

    Z

    Arquivo

    1. 2021
    2. J
    3. F
    4. M
    5. A
    6. M
    7. J
    8. J
    9. A
    10. S
    11. O
    12. N
    13. D
    14. 2020
    15. J
    16. F
    17. M
    18. A
    19. M
    20. J
    21. J
    22. A
    23. S
    24. O
    25. N
    26. D
    27. 2019
    28. J
    29. F
    30. M
    31. A
    32. M
    33. J
    34. J
    35. A
    36. S
    37. O
    38. N
    39. D
    40. 2018
    41. J
    42. F
    43. M
    44. A
    45. M
    46. J
    47. J
    48. A
    49. S
    50. O
    51. N
    52. D
    53. 2017
    54. J
    55. F
    56. M
    57. A
    58. M
    59. J
    60. J
    61. A
    62. S
    63. O
    64. N
    65. D
    66. 2016
    67. J
    68. F
    69. M
    70. A
    71. M
    72. J
    73. J
    74. A
    75. S
    76. O
    77. N
    78. D
    79. 2015
    80. J
    81. F
    82. M
    83. A
    84. M
    85. J
    86. J
    87. A
    88. S
    89. O
    90. N
    91. D
    92. 2014
    93. J
    94. F
    95. M
    96. A
    97. M
    98. J
    99. J
    100. A
    101. S
    102. O
    103. N
    104. D
    105. 2013
    106. J
    107. F
    108. M
    109. A
    110. M
    111. J
    112. J
    113. A
    114. S
    115. O
    116. N
    117. D
    118. 2012
    119. J
    120. F
    121. M
    122. A
    123. M
    124. J
    125. J
    126. A
    127. S
    128. O
    129. N
    130. D
    131. 2011
    132. J
    133. F
    134. M
    135. A
    136. M
    137. J
    138. J
    139. A
    140. S
    141. O
    142. N
    143. D
    144. 2010
    145. J
    146. F
    147. M
    148. A
    149. M
    150. J
    151. J
    152. A
    153. S
    154. O
    155. N
    156. D
    157. 2009
    158. J
    159. F
    160. M
    161. A
    162. M
    163. J
    164. J
    165. A
    166. S
    167. O
    168. N
    169. D
    170. 2008
    171. J
    172. F
    173. M
    174. A
    175. M
    176. J
    177. J
    178. A
    179. S
    180. O
    181. N
    182. D
    183. 2007
    184. J
    185. F
    186. M
    187. A
    188. M
    189. J
    190. J
    191. A
    192. S
    193. O
    194. N
    195. D